viernes, 13 de octubre de 2023

HISTORIA DE LA HISTORIA

El prólogo de la movilización militar más grande de Argentina

 El desplazamiento de tropas iniciado en octubre de 1978 y finalizado recién en junio de 1979 tuvo su raíz motivante en hechos que comenzaron a gestarse siete años antes.

  


Para precisar un punto de inicio a la historia, dentro de la historia, de lo que ocurrió en el verano de 1978 en nuestro país, debemos remontarnos en el tiempo al 22 de julio de 1971 y trasladarnos a la ciudad de Salta.

En esa jornada y en ese lugar, el entonces presidente de Chile Salvador Allende y el de Argentina, Teniente General Alejandro Lanusse firmaron el documento titulado: Compromiso de Arbitraje entre Chile y Argentina: Solicitud de Laudo Arbitral.

Así, las partes habían acordado someter sus diferendos limítrofes a la corona británica, la cual debía actuar con un tribunal compuesto por cinco juristas internacionales elegidos por Chile y Argentina, y cuyo dictamen –para ser notificado a las partes en pugna- debía ser aceptado o rechazado por la reina de Inglaterra, sin modificaciones de ninguna naturaleza.

En ese contexto fueron seleccionados los juristas Hardy Dillard (EEUU), Gerald Fitzmaurice (Gran Bretaña), André Gros (Francia), Charles Onyeama (Nigeria) y Sture Petrén (Suecia).

En 1972 la corte ya constituida estableció su sede en Suiza y en 1976 sus integrantes, embarcados, recorren parte del canal del Beagle.

Y fue aquel acuerdo el que derivó finalmente en el denominado Laudo Arbitral de 1977, dictado el 5 de mayo de ese año, aunque fue dado a conocer a la opinión pública recién el día 12.

Pero llegar a este no le resultó fácil a Lanusse. Tras la firma del acuerdo de Salta, un grupo de jóvenes de la Fuerza Aérea argentina y los jefes de algunas unidades del Ejército encarnando al sector nacionalista de las fuerzas armadas vieron con desagrado la cuestión y se sublevaron. Pero el levantamiento no tuvo éxito, y pese a ello no se adoptaron sanciones para los revoltosos muchos de los cuales luego se destacarían como aviadores en la guerra de Malvinas.

Sofocada la rebelión, diría Lanusse que “Un grupo de oficiales del Ejército, imbuidos de una ideología crudamente reaccionaria, ha pretendido erigirse en árbitro del futuro argentino, en un intento absurdo, oscurantista y retrógrado, destinado a torcer el rumbo de la historia y contrario a la tradición de nuestras armas”.

 

NULIDAD ABSOLUTA

 

El laudo reconocía derecho de navegación por aguas del canal del Beagle a ambos países, pero adjudicaba la mayor cantidad de territorio isleño a Chile (incluyendo la totalidad de Picton, Lenox y Nueva) con lo cual admitía su proyección sobre el Atlántico. Es por esto que, ya durante el gobierno del Teniente General Jorge Videla, Argentina declaró al laudo nulo, de nulidad insanable y absoluta. ¿Qué significaba esto? Que nuestro país no reconocía la resolución y no daba posibilidad de que se efectuaran enmiendas, correcciones o modificaciones.

Cuando se recibió en nuestro país el citado laudo hubo un malestar generalizado en las autoridades nacionales, que incluso motivó el desplazamiento de unas pocas unidades del Ejército hacia la zona fronteriza Oeste. Pero recién el 25 de enero de 1978 Buenos Aires comunica formalmente a Santiago el rechazo.

Los fundamentos de la justa y lógica postura estaban en que el laudo se asentaba en imprecisiones geográficas, errores históricos, malinterpretación de añosos planos e intencionada deformación del alegato presentado por nuestro país, lo cual se tradujo en una evidente parcialidad de los redactores del laudo en cuestión. Tal vez, el error esencial de nuestro país fue haber aceptado la presencia de los juristas norteamericano y británico.

A partir de allí ya entramos en la historia medianamente conocida, al menos para sus protagonistas. El 5 de octubre d 1978 (publicada en el Boletín Oficial recién el 11 de ese mes) el titular del Poder Ejecutivo firma el Decreto 2.348 disponiendo la movilización de tropas con la reincorporación de las clases 1952, 1953, 1954, 1955 y 1958 para sumarlas a la 1959 que entonces estaba cumpliendo con el Servicio Militar Obligatorio. También se reincorpora al servicio activo al personal de las tres fuerzas en situación de retiro y a los oficiales y suboficiales reservistas. Era el puntapié inicial del “Operativa Soberanía”, planificado desde poco tiempo antes y que comenzaba a hacerse visible.

Es destacable que, al otro lado de la cordillera de Los Andes, el desplazamiento de tropas había comenzado entre fines de agosto y comienzos de septiembre, incluyendo la ocupación de las tres islas principales por tropas de la Infantería de Marina que procedieron a minar las playas y fortificar con todo tipo de obstáculos antidesembarco. Y es probable que, por esta razón y el principio de que el atacante elije el escenario, se haya mudado el inicial y esencial de las hostilidades, cambiando el propio canal y las islas en disputa por territorio continental dándose prioridad a la invasión de territorio chileno con la captura de ciudades importantes como Puerto Natales y Punta Arenas entre otras.

 

 

 

 

 

domingo, 30 de julio de 2023

EN EL NOMBRE DEL PADRE

 

LAS CAPELLANÍAS TAMBIÉN ACTUARON DURANTE LA MOVILIZACIÓN DE 1978

 Los sacerdotes fueron incluidos en el Ejército por la Asamblea del año XIII para acompañar a las tropas tanto en su formación como en maniobras. Por esto formaron parte de los Operativos Independencia (1975), Soberanía (1978) y Virgen del Rosario (1982).

 


                                Sacerdote José Guntern, capellán del Batallón de Ingenieros en Construcciones                             121 y de la Agrupación de Ingenieros Anfibios 601, Santo Tomé, provincia de Santa Fe,                                 durante la movilización de 1978.

A raíz de un artículo periodístico publicado hace un tiempo en un medio gráfico nacional sobre la participación de religiosos en las islas Malvinas en 1982, comencé a indagar un poco sobre el particular, sin descuidar la propia experiencia.

Ya en el Virreinato del Río de La Plata existía el cargo de Teniente Vicario Castrense, heredado del sistema español. Pero fue el 29 de Noviembre de 1813 cuando la Asamblea creó el Servicio Religioso del Ejército hasta que el 8 de Julio de 1957, por acuerdo con el Vaticano, se lo transforma en el Vicariato Castrense para dar asistencia espiritual a las tres fuerzas armadas (Ejército, Marina de Guerra, Aeronáutica) y fuerzas de seguridad nacionales (Gendarmería, Prefectura, Policías Federal y de Seguridad Aeroportuaria). Sus componentes, en líneas generales se escalonan en capellán mayor, capellán castrense y auxiliar.

En el Batallón de Ingenieros en Construcciones 121 de la ciudad de Santo Tomé (prov. de Santa Fe), hoy Batallón de Ingenieros 1, contábamos -en 1978- con el capellán Juan Julio Banasiak, a quien conocíamos como el padre Julio, y de acuerdo a la información que pudimos reunir prestó servicios en la unidad entre 1974 y 1984.

Próximo a la finalización del periodo de instrucción, los soldados que no eran bautizados y/o no habían tomado la primera comunión podían hacerlo y para ello en determinadas horas y días eran reunidos en uno de los espacios abiertos de la unidad para escuchar al sacerdote con su catequesis. Quienes se preparaban para el bautismo y la comunión inicial debían elegir a su padrino de entre los restantes componentes de la compañía.

Las charlas eran a pleno rayo del sol y los soldados asistían cuando terminaban el duro trajín del entrenamiento básico en el llamado periodo de instrucción militar inicial. Y ocurrió que, en una oportunidad, el capellán reportó ante el suboficial de semana que dos de los reclutas se habían dormido durante la catequesis. Obviamente que recibieron “horas extras” de movimientos vivos, y eso quebró la poca empatía que ya reinaba entre la tropa respecto del religioso.

Y el 22 de noviembre de 1978 el cura partió junto al grueso del batallón hacia lo que luego sería el Teatro de Operaciones Sur (T.O.S.). Pero no estuvo mucho tiempo allí. Se dijo, había solicitado su regreso a Santo Tomé alegando compromisos sacerdotales previos.

Esto generó algunos comentarios, como el que daba cuenta de que el religioso, siendo niño, había atravesado horribles experiencias durante la Segunda Guerra Mundial en su Polonia natal y le resultaba muy traumático el escenario bélico donde nos encontrábamos en esos momentos.

Verdad o no, lo cierto es que de un día para el otro Banasiak retornó a la provincia de Santa Fe y su lugar fue cubierto por el capellán José Tarcisio Guntern, (que prestó servicios desde ese año hasta 1987 para la Agrupación de Ingenieros Anfibios 601, hoy Batallón de Ingenieros Anfibios 121).

Guntern, que se hacía cargo de la capellanía de dos batallones, años después tuvo un rol importante durante el escándalo que tuvo como principal protagonista al pervertido Obispo Eduardo Storni, y con el cual se encontraba enfrentado precisamente por su actuar sexual aberrante abusando de jóvenes seminaristas.

Era de contextura grande y ciertamente obeso. Estando en el acantonamiento de Río Gallegos tuve un solo cruce directo con él. Ambos, en direcciones opuestas, teníamos que pasar por el mismo y estrecho espacio. Por cuestión de jerarquía y volumen obviamente, le cedí el paso mientras le hacía el famoso saludo uno (venia o saludo de visera). Se detuvo frente a mí y cuando esperaba alguna reprimenda, preguntó “soldado ¿sos de Santa Fe?”, y ante la respuesta afirmativa espetó “¿De Colón o de Unión?”, ante la respuesta de que era simpatizante del “rojinegro” continuó su marcha repitiendo “Muy bien, muy bien”.

Improvisado, breve y extraño diálogo al margen, conforme los días transcurrían en el Teatro de Operaciones Sur el clima se iba poniendo cada vez más espeso al punto tal que nos habían instruido para dar la extremaunción a todo mortal que cayera gravemente herido a nuestro lado en plena acción.

No eran necesario aceites especiales ni aguas bendecidas y –dijeron- era suficiente decir “Yo te absuelvo de todos tus pecados” mientras se le hacía la señal de la cruz sobre la frente al moribundo.

Parece una simple anécdota, pero ¡vaya!, teníamos 18-19 años y la muerte –hasta ese entonces- se presentaba como algo lejano, casi impensado.

Me llamó la atención, también, que durante una misa de campaña el religioso bendijera las armas. Es decir, se estaba invocando al supremo para que las protegiera y no fallaran al momento de ser utilizadas contra el oponente. Cosa extraña. Lo mismo hacían los sacerdotes al otro lado de la cordillera.

Pero al margen de estos hechos y las reflexiones que ellos ameritaban, para los creyentes, la presencia sacerdotal era más que importante en un momento tan crítico de nuestras vidas. Ahora sí, la muerte estaba a la vuelta de la esquina… o detrás del alambrado fronterizo.

Por eso, la mayoría de los soldados católicos participaba en los oficios religiosos y hasta comulgaba, incluso sin confesión previa atento a las circunstancias imperantes.

 RABINOS

 Por lo general, y aunque parezca contradictorio, casi todos los ejércitos del mundo han tenido y tienen sus representantes religiosos. Aún las tropas irregulares, como el caso del sacerdote entrerriano Jorge Oscar Adur (cofundador del movimiento sacerdotal tercermundista) que se sumó, desde la clandestinidad, como capellán y capitán del ejército Montonero en julio de 1978 tras reingresar sigilosamente al país desde su exilio en Francia (y desaparecido en junio de 1980 tras ser detenido cuando intentaba llegar a Brasil por el puente internacional de Paso de los Libres para entrevistarse con el Papa).

En el caso de las fuerzas armadas argentinas diferente fue el panorama para los solados de profesiones religiosas no católicas. Hasta donde pudimos indagar, en 1978 no fueron admitidas capellanías ni colaboraciones con representantes de otras expresiones espirituales. Por lo que los cinco y únicos Rabinos Baruj Plavnik, Felipe Yafe, Efraín Dines y Tzví Grunblatt y Natán Grunblatt, fueron los primeros en ser autorizados a sumarse como capellanes transitorios en un teatro de operaciones, recién en 1982 durante la guerra de Malvinas.


jueves, 26 de enero de 2023

APROXIMACIÓN A LO PERDIDO

Ushuaia una ciudad con memoria selectiva pareciera resistir a la verdadera historia

 Una visita a la ciudad más austral del mundo y una recorrida parcial -y forzadamente limitada- por el canal del Beagle.

  

Tuve la oportunidad de visitar la capital fueguina, llevándome da la impresión de que sus habitantes (particularmente sus autoridades) no terminan de consolidar su recuerdo sobre el particular verano de 1978.

Un título de la época publicado en diario La Nación realiza una instantánea de aquellos días describiendo a Ushuaia como una ciudad sin niños. En su entonces peligroso aeropuerto –como así también el de Río Gallegos- se vivieron horas de zozobra cuando la gente se agolpaba y pugnaba por conseguir un pasaje del avión que los alejaría de una zona segura de bombardeos y combates.

Conforme el almanaque avanzaba hacia la navidad de aquel año, las calles de Ushuaia comenzaron a ser transitadas, en su mayoría, por personal y vehículos militares. Solo los jefes de familias habían quedado en sus hogares para continuar con sus actividades laborales. Todos los niños y las mujeres habían migrado. O, mejor dicho, casi todas las mujeres, porque allí permaneció un grupo de 120 cuyos nombres hoy son recordados como las “Damas Centinelas del Canal del Beagle” y una placa las eterniza desde el año 2014 en una plazoleta de la costanera. Una placa a la que ningún lugareño se refiere ni la folletería turística sugiere visitar.

Habíamos contratado un city tour en una Land Rover y su amable chofer nos mostró lugares emblemáticos de la urbe. El puerto, la base naval desde la cual zarpó por última vez el ARA San Juan, la costanera, particulares barrios y el punto donde año a año se realiza la vigía por la causa Malvinas. Cuando nos dirigíamos al viejo aeropuerto (hoy, aeroclub) apareció ante nosotros, montada sobre tierra, la “P-82 Towora”, con sus dos cañones Bofors apuntando hacia el cielo por proa y popa.

Me sacudió una emoción tremenda. Le pedí al chofer que se detuviera, pero no accedió, prometiendo que lo haría al regreso tras visitar el aeroclub. Y así fue.

Cuando por fin llegamos, el conductor detuvo el motor pero no descendió junto a nosotros. Me acerqué lo máximo que un cerco de alambrado lo permitió. Las clásicas fotos y algunos comentarios explicativos que trataba de darles a mi familia sobre ese viejo ingenio naval allí apostado.

Al regresar a la 4x4, el guía estaba celular en mano buscando información de la Towora. Algo había encontrado y deslizó algunos comentarios. “Tenía la idea que la habían hundido en un ejercicio de artillería”, le dije como para justificar mi entusiasmo. No hubo respuesta, pero había una que estuvo faltando como guía turístico en pos del rescate de la historia oculta. La que fue hundida en una práctica militar fue su gemela P-84 Alakush. Indudablemente, no lo sabía. Nadie se lo contó.


En cercanías del Faro Les Éclaireurs se encuentra hundida la lancha Alakush

Tampoco lo supieron los tripulantes y guía del catamarán que habría de llevarnos a conocer el canal del Beagle. En nuestro caso, hasta el mal llamado “faro del fin del mundo” cuyo nombre real es Les Éclaireurs, ubicado sí en aquel curso de agua, frente a la bahía de Ushuaia. Pero en verdad no es el más austral ni el que inspiró a Julio Verne (éste se basó en al faro de San Juan de Salvamento, ubicado en las islas de los Estados).

¿Cómo se vincula Les Éclaireurs con la P-84 Alakush? Pues, la vieja lancha guerrera fue hundida en proximidades del faro en cuestión. Es decir, los catamaranes turísticos navegan sobre su helada tumba sin saberlo, o sin informarlo a los viajeros.

Por su parte la Towora, con mejor suerte, descansa sobre tierra desde el año 2009 en el lugar costero donde se proyectó alguna vez un parque temático nunca concretado.

 

El rol de Alakush y Towora

 

La Towora rescatada de su destino indigno aguarda se cumplan las promesas oficiales

Ambas embarcaciones fueron construidas por un astillero norteamericano en oportunidad de la 2ª Guerra Mundial y en 1948 –junto a otras 8 unidades- fueron vendidas a la armada argentina como material sobrante.

En 1968 fueron destinadas al área austral como respuesta a la incursión de la lancha rápida Quidora de la armada chilena en aguas de la bahía de Ushuaia. Diez años después cumplirían una importante misión en el marco del Operativo Soberanía: patrullar el sector occidental del canal del Beagle en una suerte de alerta temprana ante la posible incursión de navíos chilenos.

La P-84 Alakush estaba comandada por el Teniente de Navío Julio Vara en tanto que la P-82 Towora se encontraba a cargo del Teniente de Navío Carlos Olveira. Fondeaban en Bahía La Pataia.

Originalmente eran torpederas, pero tras desmontarles los tubos lanzadores se reconfiguraron como patrulleras para los 2 cañones Bofors de 20 mm fueron reemplazados por otros tantos de 40 mm y se le sumaron 4 ametralladoras 12,7 mm (2 por banda).

Arribadas al Área Naval Austral, se sumaron a la P-86 Indómita y P-85 Intrépida dotadas de 1 cañón Otto Melara de 76mm y 2 Breda Bofors de 40 mm cada, y las P-61 Baradero, P-62 Barranqueras, P-63 Clorinda y P-64 Concepción del Uruguay, todas de manufactura israelí y montadas con 2 lanzacohetes múltiples, 4 ametralladoras MGS 12,7 mm y 2 cañones Oerlikon de 20 mm, quedando así conformada la Agrupación Lanchas Rápidas.

Raleadas del servicio activo, como vimos, la Alakush yace en el fondo de la bahía de Ushuaia en tanto que la Towora se salvó de un destino humillante. Había sido donada a una entidad de actividades acuáticas que la transformó en un depósito provocando, lamentablemente, cambios en su estructura original. Aunque aún aguarda la concreción de aquel proyectado parque temático y tal vez, entonces, algún funcionario recuerdo lo que pasó en aquellas latitudes en 1978 y cuál fue el rol que interpretó la embarcación.

 

Los cañones del centro

 


    Los cañones del centro instalados en 1978 para defender la ciudad, hoy chatarra olvidada.

Tampoco se presta demasiada atención a lo que queda de una batería instalada con el objetivo esencial de sumarse al arco protector de la capital fueguina.

La posición contaba originalmente con 4 cañones de 105 mm con un alcance de 17 km. Las piezas estaban unidas entre sí por una red de túneles que en 1997 fueron clausurados por la Armada para evitar accidentes dado que, si bien originalmente la posición estaba fuera de la ciudad, con el correr del tiempo quedó dentro de ella y pasó a ser un lugar de juegos para los niños. Hoy son conocidos, por pocos lugareños, como “los cañones del centro” y allí permanecen, corroídos y cubiertos de grafitis.

 

Argentinos en las trincheras, chilenos en las casas

 

Todo lo antes expuesto es historia. Nada de lo antes expuesto se menciona en los tours que se comercializan en la ciudad capital de Tierra del Fuego. Solo en un par de pasajes de su discurso una joven guía hizo referencia al año 1978, pero desde un enfoque muy personal y sesgado: “Los soldados argentinos iban a comer a las casas de los chilenos que vivían en Ushuaia”.

Es auténtica aquella interacción. En mi caso, pero en la ciudad de Río Gallegos, la familia Álvarez nos había abierto –junto a otros dos soldados- las puertas de su casa de par en par. La señora, empleada en Vialidad santacruceña era hija de chilenos.

Pero no siempre se daba aquel vínculo y en un hecho registrado en cercanías de Ushuaia un soldado integrante de una sección de chaqueños respondió: “Nosotros no podemos ir a ninguna casa porque en Ushuaia los que no son chilenos están achilenados” contó el lugareño Oscar Zanola que los había invitado a comer pan dulce y tomar sidra la noche del 23 de diciembre (después del famoso día D y cuando ya se sabía de la mediación vaticana). El hecho fue recogido en la crónica “La gestión de Antonio Samoré evitó la guerra con Chile”, publicada por el diario La Nación el 22-12-98 y aún disponible en internet.

Pese a casos aislados de interacción con la población civil relacionada a Chile, en general existía cierta tirantés como la reflejada en el caso del chaqueño que rechazó el convite.

El soldado Javier Marega, integrante de la 2ª Sección de la Compañía Alpha del Batallón de Infantería de Marina 1 , durante un reportaje periodístico dio cuenta de que la tropa que integraba tomó a punta de fusiles una planta de YPF. “Sacábamos a los chilenos que vivían ahí en casillas de madera (con techos a dos aguas), eran de 2 x 2 esas casillas recuerdo. Algunos se resistían, pero los apuntábamos y salían, los metían en un camión y creo que los llevaban a la frontera que estaba cerca y ahí se iban, entraban a su país”. Marega se refiere a la Planta Orion de YPF ubicada en la costanera fuegina, próxima a la base y al hospital naval.

 Importancia Ushuaia en el TOS

 Lamentablemente, ha quedado en el olvido que toda Tierra del Fuego constituía un escenario más que importante en el Teatro de Operaciones Sur y por ello allí concentraron la mayor parte de las compañías de Infantería de Marina reforzada con comandos del Ejército.

Por eso se había dispuesto un sistema especial de protección con la artillería, con las piezas antes mencionadas, mas 7 cañones Breda Bofors 40/60 mm para proteger el viejo aeropuerto y la base aeronaval en tanto que otros 3 se ubicaron en Monte Gallinero (hoy, plena ciudad) para, junto con otros 9 cañones similares se cubría la zona de la Planta Orion, la Base y del Hospital. El techo del centro asistencial fue pintado de rojo con un gran círculo blanco encerrando la cruz roja a modo de advertencia a la aviación enemiga para no ser bombardeados. Dicho sea de paso, tal detalle se conserva aún hoy en día.

 Lenox, Picton, Nueva

 Me hubiese gustado visitar, o aproximarme, a las tres islas centrales que motivaron el enfrentamiento entre Argentina y Chile. Entonces pertenecientes a nuestro país, hoy, al trasandino: Lenox, Picton y Nueva.

Pero no fue ni es posible. Al parecer nadie pude siquiera acercarse a sus costas porque Santiago ha emplazado allí una fortaleza militar de envergadura para reafirmar su soberanía (aquella que pedimos en 1984 con un plebiscito) lo que les permite tener presencia en el Atlántico y proyectarse sobre el continente antártico.

Mientras los vecinos reafirman soberanía, los argentinos seguimos perdiendo memoria. Una pena.