sábado, 7 de julio de 2018

DÓNDE SE ORIGINÓ Y COMO SE INSTRUMENTÓ.


LA MASIVA CONVOCATORIA DE OCTUBRE DE 1978

El breve y a la vez amplio Decreto 2348 del Poder Ejecutivo Nacional dispuso la reincorporación de suboficiales y oficiales retirados y de 5 clases de soldados que se sumaron a la que estaba cumpliendo con su servicio militar obligatorio. También se afectó a la movilización al personal civil de las fuerzas armadas.

   Volver al cuartel y a la disciplina militar le tocó en suerte a los
 soldados clase 1952/53/54/55 y 58 para brindar apoyo 
a la ya incorporada clase 1959.


En algunas de las oportunidades en la que se aborda el tema de la guerra por el canal del Beagle se suele hacer referencia a ésta como la mayor movilización en la historia de las fuerzas armadas argentinas triplicando o cuadruplicando, incluso, la ocurrida durante la de Malvinas.
Esta movilización fue consecuencia de la convocatoria de la reserva formulada a través del Decreto 2348 que lleva las rúbricas de Jorge Rafael Videla y José Alfredo Martínez de Hoz en sus roles de presidente y ministro de economía.
Firmado el 5 de octubre de 1978 su cumplimiento fue inmediato, aunque la publicación en el Boletín Oficial se concretó recién el día 11 de ese mes.
Por el artículo 1° se dispuso convocar al personal de la reserva fuera de servicio, pertenecientes a las clases 1952, 1953, 1954, 1955 y 1958, en sus respectivas jerarquías, a partir del día y hora y que en forma expresa fije la cédula de llamada, en la cantidad y forma que determine el Comando en Jefe de cada Fuerza”. Es decir, en lo que a tropa refiere se sumaban 5 clases de conscriptos a la ´59 que ya se encontraba alistada.
Respecto del personal de carrera, es decir suboficiales y oficiales el artículo 2° determinó dar de alta “al servicio activo al personal militar retirado que cada Fuerza Armada aprecie conveniente, a partir del día y hora que en forma expresa fije la cédula de llamada” y por el artículo 7° se aclaró que “La convocatoria incluye al personal civil de las Fuerzas Armadas de cualquier clase”.
Es por este llamado que las reincorporaciones tienen lugar a partir de fines de octubre y para el mes siguiente comienzan los grandes desplazamientos de las unidades que van dejando sus asientos de paz para tomar posiciones en los terrenos preestablecidos por cada comando a quienes se dio también amplias facultades a través del artículo 8°: “Autorízase a los Comandos en Jefe del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea a realizar las requisiciones que fueran necesarias para cumplir los fines de los ensayos a ejecutar”.
Este último artículo tiene dos aspectos destacables. Por un lado le otorgó plena potestades a los comandantes de las tres fuerzas para requisar todos los elementos que consideren indispensables para la movilización y no estuvieran en poder o al alcance de las unidades afectadas. Esto incluía, entre otras cuestiones, medicamentos, alimentos, combustible y vehículos que podían ser obtenidos de dependencias estatales nacionales, provinciales y municipales e incluso de las empresas privadas y ciudadanía en general.
Por esta norma, por ejemplo, el Batallón de Ingeniero en Construcciones 121 recibió casi una decena de camionetas Chevrolet, doble cabina, cero kilómetro recientemente adquiridas por la Dirección Provincial de Vialidad del gobierno de Santa Fe. Y en este marco también se solicitó a distintas empresas de las ciudades de Santa Fe y Santo Tomé el aporte de madera que fue destinada la confección de baúles para transportar elementos de administración (máquinas de escribir y papelería), herramientas y en algunos casos hasta municiones y minas antitanque y antiblindados.
Por el citado artículo 1° algunos ex soldados fueron reincorporados a batallones en los cuales habían cumplido el servicio militar y otros fueron destinados a unidades diferentes o nuevas, pero en su mayoría no fueron desplazados hacia la primera línea Sud-Oeste. Permanecían protegiendo los asientos de paz, como tropas de reserva y apoyo (Batallones de Protección) o fueron trasladados hacia la frontera Este (Corrientes y Misiones) por un eventual ataque de Brasil.
Los dragoneantes fueron dados nuevamente de alta como cabos y los aspirantes a oficiales de reserva como subtenientes. Igual suerte corrieron los egresados de los liceos militares quienes fueron ascendidos al primer grado de la oficialidad, generalmente como infantes o artilleros. Los AOR graduados en los liceos que realizaron cursos especiales obteniendo ascensos, también fueron incorporados con el grado correspondiente. Es decir, aquellos que eran tenientes, teniente primeros o capitanes de la reserva se incorporaron con la jerarquía ya obtenida a través de esa metodología.
Por el artículo 2° los suboficiales y oficiales que se encontraban retirados fueron reincorporados al servicio activo y se sumaron a sus pares que, sin pertenecer al escalafón de combate integraban las fuerzas armadas: músicos, cocineros, enfermeros, administrativos, etc. Todo este segmento fue destinado generalmente a hacerse cargo de las unidades que quedaban vacías y de los soldados reincorporados.
Por la amplitud de aquel Decreto 2348 es que Argentina reunió la mayor cantidad de tropas en la historia de Sudamérica: 250.000 según cómputos propios, 135.000 según estimaciones del alto mando chileno, que se enfrentarían a sus 80.000 tropas regulares y convocados diseminados en una frontera común de más de 5.000 kilómetros de longitud (la tercera más larga del mundo)
Es de destacar que aquella cifra de 135.000 estimada por los chilenos era enfatizada para desvirtuar lo que ellos sostenían como trascendidos de efecto psicológico lanzados por sus pares argentinos: 500.000 efectivos en la frontera Sud-Oeste.

Cómo se instrumentó el decreto

Para evitar los efectos propios de una superpoblación en los cuarteles los comandantes dispusieron dar cumplimiento al Decreto 2348 en forma, aunque rápida, progresiva. Es decir, primero se alistaron las tropas regulares y se ordenó el desplazamiento.
En las unidades del ejército por ejemplo quedaron únicamente dotaciones muy reducidas, incluso en algunas –y transitoriamente- suboficiales de máxima graduación (suboficial mayor y suboficial principal) quedaron a cargo de las mismas.
Los soldados que quedaban fueron dotados, por lo general, con fusiles máuser o viejas ametralladoras PAM2 y cubrían guardia munidos de un soto casco, es decir, de la cubierta plástica interior de los cascos de acero tipo americano M1 que se utilizaban en aquel entonces dado que el equipo completo (casco y sotocasco con sus correajes) se habían ido con los regulares movilizados.
Concretado el desplazamiento y con la unidad bajo control del personal en la forma antes indicada, comenzaron a llegar los reincorporados.
La función de estos se limitaba a custodiar la unidad en tanto que el grueso de los soldados, suboficiales y oficiales reincorporados eran destinados a tropas de reserva surgiendo así los llamados batallones de protección sobre los cuales nos hemos ocupado en este blog.
Una vez readaptados a la vida y rutina militar muchos de la región central y litoral fueron desplazados hacia las provincias de Misiones y Corrientes para contener una eventual intervención directa y activa en el conflicto por parte de la República Federativa del Brasil en tanto que los de la región pampeana tuvieron como finalidad actuar en apoyo de la II Brigada de Caballería Blindada detectando y neutralizando comandos o tropas avanzadas del ejército chileno que pudieran haber alcanzado territorio bonaerense en pos del objetivo Bahía Blanca.

La clave del artículo 8

En ninguno de sus 10 artículos el decreto dice específicamente para qué es la convocatoria ni cuáles son sus reales objetivos y alcances. Pero no se trata de un error normativo.
En el artículo 8° se dispuso: “Autorízase a los Comandos en Jefe del Ejército, de la Armada y de la Fuerza Aérea a realizar las requisiciones que fueran necesarias para cumplir los fines de los ensayos a ejecutar”.
Pareciera esta ser una mera norma operativa, es decir, indicar a los ejecutantes de la orden de dónde podrán sacar los fondos y elementos necesarios para cumplirla. Pero sobre el final se indica que esos recursos tendrían por finalidad cubrir las necesidades “de los ensayos a ejecutar”. Y esta fue una terminología deliberadamente seleccionada por los redactores de la norma.
En ningún momento se habla de movilización de tropas ni de maniobras ni de ejercicios militares ni de ejercicios doctrinales. Y semejante movilización no podría ser ocultada, pero sí sus fines reales disimulados.
¿Por qué se eligió el término “ensayos”?. Para evitar los efectos que podrían acarrear una queja formal –a nivel internacional- de Chile.
Y en efecto lo hicieron. Cuando comenzó el desplazamiento de las unidades a mediados de octubre y se aceleró durante noviembre (particularmente a partir del 22 de ese mes), incluyéndose el cierre de algunos pasos fronterizos, el gobierno chileno elevó su protesta ante la OEA y la ONU considerando dicha movilización y cierre de frontera como un acto de agresión. Y esto, en el terreno de las leyes internacionales, particularmente en el derecho de guerra, tiene sus implicancias: habilita al país que se siente agredido (acción) a reaccionar, es decir, a emplear el uso de la fuerza sin recibir represalias por parte de otros Estados y sin tener que cargar con las consecuencias que pesan sobre todo Estado agresor.
Argentina, decreto en mano, sostuvo que solo se trataba de un ejercicio militar masivo e integral que se hacía ordinariamente cada 10 años. Los organismos internacionales no creyeron demasiado tal argumento, pero tampoco adoptaron ningún tipo de medida (advertencia o sanción)
Por esto, el gobierno trasandido replicó disponiendo que cualquier aeronave, civil, comercial o militar, que se introdujera en su espacio aéreo sin especial autorización previa, sería derribada.
El camino hacia el 22 de diciembre se había comenzado a desandar.

sábado, 19 de mayo de 2018

BATALLONES DE PROTECCIÓN


EL ERROR CONCEPTUAL DE ALGUNOS SOLDADOS RESERVISTAS


Solo conociendo el Orden de Batalla, tanto de las fuerzas armadas argentinas como chilenas, se puede comprender que el rol de combate de estas unidades no resultaba menor ni insignificante. También se puede entender el por qué del equipamiento que recibieron y las ubicaciones a las cuales fueron desplegadas.





  Armas provistas a los Batallones de Protección. PAM 2 calibre 9 mm (arriba)
 y Fusil Mauser 1909 calibre 7,65 mm (abajo), 
ambas elaboradas por Fabricaciones Militares.




Es frecuente leer en algunos blogs y posteos en las redes sociales términos tales como “el armamento que teníamos era obsoleto”, que con ese equipamiento “de la segunda guerra mundial” no le podíamos ganar a nadie, y otras calificaciones por el estilo.
Hacen así referencia a la falta de preparación de la tropa y al pertrecho ciertamente añoso que les habían asignado. Recuerdo en especial el caso de un soldado que solo había hecho un comentario en ese sentido, tras lo cual me aventuré a indicarle “estuviste en un batallón de protección” y ante su respuesta afirmativa agregué que seguramente habían sido movilizados no mas allá de las fronteras del sudeste de la provincia de Buenos Aires. Y se mostró sorprendido por el acierto de mis afirmaciones.
¿En que se basaron éstas? Muy simple. Durante la movilización de 1978 se crearon muchísimas unidades nuevas (sea originalmente nuevas, sea fusionando unas con otras). Y este fue el caso de los llamados batallones de protección como por ejemplo el 101 en la zona de Buenos Aires y norte de La Pampa o el 122 en el centro de Santa Fe desmovilizado poco antes de emprender la marcha hacia la provincia de Misiones.
Es que estas unidades, conformadas general y esencialmente con soldados reincorporados de las clases 58, y 55 inclusive, mas egresados de liceos militares (como oficiales) y suboficiales y oficiales retirados o pertenecientes a escalafones de cocina, música o meramente administrativos. Si bien parecían mayoritariamente un “rejunte”, no se debe dejar de considerar que algunos oficiales y suboficiales de combate fueron destinados a reforzar estos batallones en puestos de mando de real importancia.
Es verdad que el armamento que se les entregó no era moderno, pero en muchos casos aunque antiguos, sin uso. Incluyendo viejos fusiles Mauser modelo 1909 recién sacados de sus cajones originales y conservando aún la grasa que los cubrió al salir de Fabricaciones Militares entre 1947 y 1950. Había en estos batallones también viejas ametralladoras alemanas y austríacas, morteros y algunos pocos FAL y FAP.
El desplazamiento de esta tropa fue ciertamente por un radio acotado, ya que incluso no disponían de gran cantidad de medios de movilización, respondiendo en su mayoría a unidades de transporte muy viejas o decomisadas -en el mejor de los casos- a las empresas estatales y privadas.
Pero pese a este panorama el rol que desempeñaron no fue menos importante en el diagrama bélico u Orden de Batalla diagramado en 1978.
Estas unidades fueron dotadas con todo el armamento y equipo que no llevaron a sus nuevos lugares de emplazamiento las unidades de combate o apoyo de combate y cumplieron dos misiones destacadas.
Por un lado, cubrir los espacios que aquellos batallones, regimientos y brigadas dejaban vacante. Y por otro, el más importante, y ya en operaciones, salir a detectar y neutralizar eventuales incursiones de comandos chilenos o brasileros.
Si bien aquel ORBAT se basaba en una acción esencialmente ofensiva (atacar al adversario), preveía también eventuales resultados adversos en algunas acciones con su consecuente plan de contraataque. Tal como estaban planteado los hechos y las circunstancias Argentina debía tener la iniciativa (atacar) y Chile respondería con su propio ORBAT (resistir, rechazar y contraatacar).
En este esquema -y para comprender el rol de combate de los Batallones de Protección- debemos centrarnos ahora en aquel orden de batalla del adversario.
Conforme la información que hemos obtenido para la publicación de “Hubo Penas y Olvidos…”, tomando contacto con soldados, suboficiales y oficiales del ejército chileno el plan consistía -en resumidas cuentas- en lo siguiente:
01.- Detener el avance argentino: colocación de minas antipersonales y antiblindados; instalación de una primera línea defensiva precaria (reservistas, carabineros), respaldada por artillería y fuerza aérea.
02.- Destinar las unidades de mayor poder de fuego a fortificar las ciudades y objetivos estratégicamente más importantes.
03.- Contraatacar devolviendo al invasor a sus posiciones originales.
Si se lograba este punto tercero el plan continuaba con avances desde el Sur hacia Río Gallegos y por la zona central hacia Bahía Blanca y en una suerte de pinza la primera columna intentaría reunirse, avanzando hacia el Norte, con la segunda.
Como esta acción estaba prevista por el alto mando argentino, se había ubicado el grueso de la II Brigada de Caballería Blindada al mando del general Juan Carlos Trimarco como reserva estratégica entre La Pampa y Sur de Buenos Aires. Igual función habrían tenido los paracaidistas de Córdoba.
El presunto avance chileno requeriría de la acción de comandos adelantados y allí entrarían en acción específicamente los llamados Batallones de Protección.
Pero el plan chileno incluía también la posibilidad de un contraataque y avance complejo e “informal”, es decir, si sus columnas no podían avanzar consolidadas lo harían diseminadas en una suerte de acción de “guerra de guerrillas” (para lo cual pensaban contar con el pleno respaldo de la población chilena diseminada por la patagonia argentina).
No resulta desacertado destacar que la acción de “guerrillas” estaba también prevista desplegarla, llegado el caso, si la invasión argentina no podía ser “frenada”. Para tal efecto el comandante de la región Sur, General Nilo Flody Buxton, había mandado construir varios depósitos ocultos conteniendo armas, municiones, alimentos, medicamentos y equipos de comunicación, para “la resistencia”.
En cuanto a la previsión de comandos o tropas brasileras incursionando en territorio argentino, respondió al conocimiento que se tenía de que Chile buscaría la regionalización del conflicto, con la intervención de Brasil (a su favor), Bolivia y Perú para obligar a la pronta intervención de la ONU.
Es en este esquema que puede comprenderse entonces los roles asignados a la Brigada Aerotransportada y a la II Brigada de Caballería Blindada, como así también a los citados batallones de protección, equipados -en este último caso- con lo que quedaba y había disponible.